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El pueblo de Alquézar está situado junto al cañón del río Vero, en la sierra pirenaica de Guara, o sea, otro pueblo a trasmano. Quizás por eso ha conservado casi intacto su magnífico conjunto monumental y paisajístico. El viajero atraviesa un arco gótico para acceder a la villa oscense con la impresión de pasar por el túnel del tiempo: al otro lado encuentra un pueblo medieval arracimado en torno al castillo: callejas empedradas, una plaza porticada, casonas nobiliarias de los siglos XIV y XV y del renacimiento aragonés.…  Alquézar fue escenario de luchas entre musulmanes y cristianos durante la Edad Media.

La villa de Alquézar (Huesca)

De aquellos tiempos revueltos quedan, a modo de testigos, sus estrechas calles sinuosas de trazado musulmán y castillo, que fue levantado por los musulmanes en el siglo IX. Los cristianos reforzaron y ampliaron la fortaleza, que pasó a representar un punto clave de la Reconquista. De los tiempos del Medievo, Alquézar conserva la estructura y aspecto de su plaza Mayor porticada. En la cumbre de la peña el viajero encuentra otro gran monumentos del pueblo: la colegiata de Santa María la Mayor.

En esta, que se erigió probablemente sobre una mezquita, se puede admirar el claustro románico y sus bellos capiteles historiados en lo que la Iglesia explicaba la historia a sus fieles analfabetos por medio de imágenes. En una capilla de la iglesia sobresalta la visión del patético Cristo de Lecina (siglo XIII); en el museo, al viajero le pasma una insólita colección de reliquias entre las que se encuentran dos cabezas de las Once Mil Vírgenes y un relicario en el que se guardan más de cien despojos humanos tocados.

Según los cronistas musulmanes, el castillo de Alquézar perteneció primero a los Banu Jalaf y sería conquistada en el 893 por Ismail ibn Muza, de los Banu Qasi de Zaragoza, y tomada más tarde por al-Tawil. En 938, Abd al-Rahman III nombró a su hijo Yahia gobernador de Barbastro y Alquézar.

Fundada en el siglo XI

La fundación canónica de Alquézar fue ordenada por el rey Sancho Ramírez y confiada al abad Sancho y adscrito al monasterio de San Cucufate en Lecina, entre los años 1071 y 1074. En 1074 el rey Sancho Ramírez hizo un intento de crear una canónica, aunque en 1080 pasó a pertenecer a Roda de Isábena. Este monarca concedió privilegios a Alquézar «cuando se levantó el sitio de los sarracenos». Mientras, en el 1125 el rey Alfonso I el Batallador le otorgó fueros.

De unos 32 kilómetros cuadrados de superficie y declarada Conjunto Histórico-Artístico por la Unesco en 1982, Alquézar debe su nombre al topónimo árabe al-Qasr, que significa fortaleza. El viajero no debe marcharse de Alquézar sin visitar la iglesia de San Miguel Arcángel (siglo XVII), haciendo antes un alto en el camino en los miradores de O’Bicón y Sonrisa al Viento, desde los que se aprecia el río Vero después de su paso por la sierra prepirenaica de Guara. También resulta de interés visitar el Museo Etnológico Casa Fabián, que sirve para comprender la historia del pueblo y de su comarca, el Somontano.

colegiata Alquezar
Colegiata de Alquézar./LSanzSal

Un elemento muy típico del pueblo, y de tradición medieval, son los pasadizos en alto, gracias a los cuales parece ser que se podía pasar por todo el pueblo sin pisar la calle, manteniéndose esta práctica hasta el siglo XVII. De la importancia y gran trasiego de Alquézar también hablan los restos de presas, molinos y puentes próximos, como Fuendebaños o Villacantal.

Naturaleza y senderismo en Alquézar

En el cercano Parque Natural de la Sierra y Cañones de Guara el viajero podrá observar colonias de aves carroñeras: quebrantahuesos y buitres de pescuezo pelado, amén de alimoches, halcones y milanos. En el río Vero hay abrigos y cuevas con pinturas prehistóricas. Alquézar se convierte en punto de partida de alguna de las múltiples rutas ciclistas, ornitológicas, senderistas o de arte rupestre que de allí parten.

De hecho, se pueden visitar pinturas prehistóricas como el ciervo levantino de Chimiachas, junto a más de sesenta abrigos y otras manifestaciones artísticas y etnológicas.

Alquézar es un pueblo muy bello, perfectamente conservado, con el típico laberinto de callejuelas en el que perderse, con bares y pequeños hoteles para elegir, todo el encanto del mundo. No le faltan ni las leyendas de reyes moros y doncellas.

Para colmo, el municipio oscense se ubica en la comarca del Somontano de Barbastro, esa tierra vitivinícola a los pies del Pirineo que da uno de los mejores caldos de nuestra geografía, así que ya de paso, el viajero puede hacer enoturismo, que nunca viene mal.

Huesca no deja de ser una provincia cargada de pasado e historia. Espectaculares castillos como el de Loarre o el templario de Monzón son dos argumentos de peso para visitarla. Cuanto menos. También merece la pena desplazare hasta Aínsa para  disfrutar de su hermoso entramado medieval o bien acudir hasta la antigua estación de tren de Canfranc y dejarse llevar por los recuerdos de la memoria que conducen al viajero a un antiguo escenario que se convirtió en nido de espías durante la Segunda Guerra Mundial.

Dónde dormir en Alquézar: Narbona; Baja, 19; 22145 Alquézar (Huesca); teléfono: 974318078; [email protected]

Dónde comer en Alquézar: Casa Gervasio; Calle Pedro Arnal Cavero, 13; Alquézar (Huesca); teléfono: 974318282.


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5 Comentarios

  1. Excelente artículo. Espana tiene un encanto histórico en sus localidades que no tiene igual; se valora más cuando se está lejos…
    Saludos de un español desde Santa Cruz de la Sierra, Bolivia

    • Gracias por tus palabras Javier.

      Conocer nuevos lugares resulta enriquecedor, pero al mismo tiempo se extraña la tierra donde nace o pace uno, ¿verdad? La nostalgia permanece en el recuerdo desde la distancia.

      Saludos!

  2. Añado un lugar de esta hermosa tierra, que no me he enterado que lo cites en tu artículo: castillo de Montearagón al ladito de la capital, Huesca, en término de Quicena. Ahí queda mi enlace a l blog donde también enlazo con un álbum de fotos del castillo.

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