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Una ruta por Augusta Emerita, la excelsa capital de la Lusitania

Una ruta por Augusta Emerita, la excelsa capital de la Lusitania

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Sin descartar la posibilidad de que en su lugar hubiera un asentamiento previo prerromano, la actual Mérida fue fundada ex novo por Publio Carisio, legado de Augusto, para los veteranos (emeriti) de las Guerras Cántabras, en el año 25 a.C., con arreglo a los principios de urbanismo hipodérmico ya difundidos por todo el imperio.

El viajero que llegaba del sur por la Vía de la Plata o que había llegado en barco hasta la isla del río Anas (Guadiana), entraba en la ciudad al atardecer por su mejor puerta, la almenada de dos vanos que podemos ver todavía, aunque solo sea en el reverso de un denario de plata de unos días de Augusto acuñado en la propia ciudad, o de otras monedas.

Más allá, frente a él, se extiende el decumanus maximus, que atraviesa la ciudad de oeste a este y le lleva hasta lo que permanece del antiguo foro. Se conservan algunos restos de la muralla de Augusto en la zona de la Alcazaba.

Augusta Emerita, capital de la Lusitania

La colonia emérita fue casi desde sus comienzos la capital de la Lusitania y por ella pasaban importantes vías de comunicación que unían el norte rico en minas con los centros productores del sur y el Mediterráneo. A partir de Diocleciano y sus reformas administrativas, Augusta Emerita se convirtió en la capital de la Diocesis Hispaniarium y en la sede de su vicarius.

El viajero que arribe a Mérida tiene mucho que visitar dentro de su espectacular conjunto monumental de origen romano (Paseo de Álvarez Sáenz de Buruaga), que por algo está considerado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Lo más aconsejable es hacer una ruta para conocer bien la ciudad. Su primera parada le lleva a su fascinante teatro, uno de los lugares más hermosos del mundo romano. Es el mejor conservado de cuantos se edificaron en Hispania.

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Acueducto de los Milagros./doalex

El cónsul Marco Agrippa, yerno de Augusto, fue el patrocinador de la construcción del teatro, que llevó a cabo entre los años 18 y 15 a.C. Mide 86,63 metros de diámetro total. La longitud de la scena (que sería reconstruida en tiempos de Trajano y, sobre todo, de Adriano) es de 59,90 metros por 7,28 metros de fondo. El frons scenae (escena) se articula en siete pórticos, tres de ellos retranqueados, que se corresponden con las tres puertas. En los intercolumnios aparecían estatuas de dioses, emperadores y magistrados, copias de los originales, que se exponen hoy en el Museo Nacional de Arte Romano de la ciudad.

Pegado al teatro, la muralla reserva un espacio donde sus habitantes encuentran el anfiteatro (uno de los edificios más antiguos de la ciudad). Su construcción se planificó junto con la del teatro, realizándose su obra unos pocos años después. El edificio se inauguró en el 8 a.C. En el anfiteatro se celebraban juegos gladiatorios y luchas entre animales o entre hombres y animales (venationes) que, junto a las actuaciones del circo, fueron las preferidas por el público. Tras su abandono tras la oficialización del cristianismo, parte de la estructura se fue ocultando con la tierra. El graderío se construyó en parte sobre la misma colina que el teatro. 16 puertas abiertas a lo largo del perímetro de la fachada permiten acceder a esta zona.

Después de tan excelsos restos que se preservan del conjunto monumental romano de Mérida, si el viajero prosigue unos pasos por el mismo Paseo de Álvarez Sáenz de Buruaga, a escasa distancia, se topará con la Casa del Anfiteatro (siglo I), un espacio de obligada visita. Este recinto, que empezó a excavarse en 1947, incluye un tramo de la muralla, otro de la conducción del acueducto de San Lázaro, una torre de decantación de agua del mismo, restos de viviendas y un mausoleo.

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Anfiteatro de Mérida./caligatus

A escasos metros del teatro y anfiteatro, resulta de obligada visita también el Museo Nacional de Arte Romano, obra de Rafael Moneo (C/ José Ramón Mélida, s/n). Este magnífico espacio expositivo cuenta con una impresionante colección arqueológica y es referencia imprescindible en el estudio de la Hispania romana. Alberga, entre otras, esculturas de Ceres, Mitra, Agrippa, y unos cuantos bustos de interés: de Augusto, Septimio Severo, el Panadero o El genio de la Colonia; utensilios de la vida cotidiana de los romanos (cerámica, vidrio, monedas…) y una colección de lápidas, esculturas, frescos y grandiosos mosaicos (Cósmico, báquico,…).

Más allá, extramuros, en dirección norte de la ciudad, junto a la calzada que unía Emerita con Toletum (Toledo), quedan los restos del circo (Avenida Juan Carlos I). El circo de Mérida es el mayor de los edificios para espectáculos públicos, por su extensión y capacidad de espectadores, y uno de los más importantes de todo el Imperio romano. Por la magnitud de sus proporciones, se levantó a unos 400 metros de distancia del resto de las edificaciones de espectáculos (teatro y anfiteatro)

El casco histórico de Mérida nos descubre, si transitamos por sus calles, los restos del antiguo Foro romano de la ciudad, la principal plaza pública. Localizado entre las calles de Los Maestros, San José, Sagasta y Viñeros, en él se desarrollaban los acontecimientos más importantes de la vida en la ciudad. De los edificios que lo integraban conocemos el llamado y magnífico Templo de Diana, las termas públicas (ubicadas en la actual calle Baños) y el pórtico, que delimitaba además de estas construcciones, otras como la basílica, el mercado, la curia,…

Precisamente, solo unos pasos hacia el sur de la ciudad, el caminante se topa con el Templo de Diana (C/ Sagasta), que los romanos destinaron al culto imperial. Se trata de uno de los edificios romanos más antiguos de Mérida. Su construcción debió realizarse a finales del siglo I a.C. o principios del I de nuestra era. De planta rectangular (de 40,75 metros en los lados mayores y 21,90 metros en los frentes), construido con granito, es períptero (rodeado de columnas) y hexástilo (seis columnas en su frente).

Desde el Templo de Diana podemos coger la calle Juan P. Forner para llegar hasta la calle Trajano, coronada por el arco de mismo nombre. Está realizado con grandes sillares de granito y estos, a su vez estarían revestidos con mármol.

Pasear con calma y sosiego por las calles de Mérida no dejan de deparar agradables sorpresas. Está prohibido el despiste. Debajo de las obras de construcción de la plaza de toros a principios del siglo pasado (Avenida de Oviedo) se halló el Mirthaerum (al que se llega por la Vía Ensanche, al sureste) o también llamado la Casa del Mitreo, un santuario dedicado al dios Mitra. No podemos dejar de mencionar el conjunto de las pinturas de la llamada Casa de la calle Suárez Somonte, hoy en el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida.

En torno a la calzada que, próxima a la Casa del Mitreo, comunicaba Mérida con Córdoba, se hallan los columbarios, un conjunto de edificaciones que albergaban en su interior los restos, incinerados y depositados en urnas, de al menos dos familias de origen romano: los Voconios y los Julios.

En las afueras de Emerita, próximo a la calzada que salía por la puerta este de la ciudad se levantó un edificio martirial en memoria de Santa Eulalia que sería el antecedente de una primitiva basílica cristiana (siglo V)

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Circo romano de Mérida./vonralph

Sin duda, otro de los principales atractivos de Mérida es su puente romano sobre el Guadiana, considerado el más largo de la antigüedad. En los tiempos del Imperio la obra se elevaba sobre el curso fluvial a lo largo de 62 arcos con una longitud total de 755 metros. Hoy en día el puente, al que se llega tras atravesar la Plaza de Roma, junto la Alcazaba árabe, tiene una longitud de 721 metros, 12 metros de alto y descansa sobre 60 arcos.

Para el final de la ruta por la esplendorosa Augusta Emerita, el viajero deberá tener en cuenta la importancia que tuvo en la ciudad el suministro de agua. Relacionada con ella podrá visitar cuatro hitos que merecen la pena: los acueductos Rabo de Buey-San Lázaro y el de los Milagros, así como los embalses de Proserpina y Cornalvo. Todas las conducciones seguían las curvas de nivel de las zonas que atravesaban hasta llegar a Mérida. Una vez en ella se distribuía el agua, desde los castellum aquae o torres del agua mediante una complicada red de canales.

Dónde dormir: Hotel Rambla Emérita; Rambla Mártir Sta. Eulalia, 17; 06800 Mérida (Badajoz); teléfono: 924387231.

Dónde comer: La Bodeguilla; Calle Moreno Vargas, 5; 06800 Mérida (Badajoz); teléfono: 924309611.

Javier Ramos Soy periodista y experto universitario en protocolo. He trabajado en diferentes medios de comunicación como 20 minutos, Las Provincias o Diario 16. Ahora ejerzo labores de community manager, colaboro en blogs y publicaciones digitales. Autor del libro 'Eso no estaba en mi libro de Historia de Roma'.

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