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Cabeza de La Rioja Baja, Calahorra es un pintoresco pueblo situado sobre una colina que contempla la fértil vega del río Cidacos. Cuna de los poetas latinos Prudencio y Quintiliano, dos de los hispanos que se labraron una reputación en la antigua Roma, la urbe riojana conserva importantes restos de su glorioso pasado.

La importancia de Calagurris

Los orígenes de la ciudad se desconocen a ciencia cierta. En una moneda de caracteres iberos, fechada en el año 300 antes de Cristo, se cita el nombre de Calagoricos que se supone corresponde con la moderna Calahorra.

A partir del siglo II antes de Cristo se produjo el desarrollo de la Calagurris Julia al pasar por la villa la calzada romana que unía Tarragona con Zaragoza, Briviesca y Astorga. Conoció varios asedios, entre ellos el de Aníbal. Tuvo un papel destacado en las guerras civiles de Roma.

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Reedificada por Julio César, Augusto le dio a la ciudad el título de Julia y concedió a sus moradores el derecho de ciudadanía. A partir de ese momento Calahorra conoció sus mejores tiempos: batió moneda, tuvo circo y juegos megalenses, se construyó un acueducto y suntuosos edificios.

El 30 de abril de 1054 García de Nájera la conquistó definitivamente a los musulmanes y el 10 de junio de 1076 Alfonso VI le dio fueros y rollo jurisdiccional. En 1336 Enrique II de Trastámara fue proclamado rey en Calahorra.

Calahorra: la cuna de Prudencio y Quintiliano 1
Ayuntamiento y estatua de Quintiliano./ Txo

Un paseo por Calahorra

Al mercado semanal de frutas y verduras, que se celebra los jueves, acuden los campesinos de la comarca, y se revive el ambiente de la Calahorra medieval cuando estos mercados servían para intercambiar productos, pero también para entablar relaciones sociales.

La ciudad encierra bellezas patrimoniales de envergadura, como la catedral (siglo XV), con decoración interior barroca, en la que destacan una bella portada plateresca, dos notables capillas (la del Cristo de la Agonía y la del Cristo de la Pelota), la sacristía y una obra maestra de la orfebrería, la custodia denominada el Ciprés, la más antigua de España.

La seo se eleva en el lugar donde la leyenda sitúa el martirio De los Santos Emeterio y Celdonio, patronos de Calahorra. De estilo renacentista, con fachada principal barroca decorada con figuras de alabastro, muestra tambi´ñen partes góticas y un atrio del siglo XIX.

Estatua del hijo ilustre

La visita del viajero debe comenzar en el paseo del Mercadal, un amplio y largo bulevar construido sobre el antiguo asentamiento de la naumaquia romana. El ajardinado paseo lo presiden un antiguo rollo de juisdicción (La Moza), y la estatua de Quintiliano.

La calle grande asciende hacia el casco viejo y desemboca en la plaza del Raso, antiguo foro romano, donde se celebra el mercado al aire libre, rodeada de edificios del siglo XVIII y la monumental iglesia de Santiago (siglo XVII), con fachada neoclásica, cinco arcos y torre rectangular de piedra.

Calahorra: la cuna de Prudencio y Quintiliano 2
Ermita de la Concepción./ Juanma232

Cerca, en la calle Ángel Pérez Oliván, está el Museo Arqueológico. En la plaza de las Eras se han descubierto restos de una villa del siglo I. Un laberinto de calles conduce a la plaza de San Andrés, donde se ubica la iglesia de mismo nombre (siglo XVI).

Por el arco del Planillo, antigua puerta de la ciudad romana, se sale de la plaza en dirección al mirador de Bellavista para contemplar un magnífico paisaje que abarca de la vega del Ebro a los montes de Navarra.

Frente a la catedral se halla el Palacio Episcopal. Para completar la visita se puede cruzar el puente romano sobre el Cidacos y, por el camino viejo de peregrinos llegar al santuario de Nuestra Señora del Carmen, que alberga un bello retablo barroco.


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