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El santuario del Arte Levantino: la Cova del Parpalló

El santuario del Arte Levantino: la Cova del Parpalló

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Cerca del pueblo de Barx, en la espalda del monte Mondúver, en el monte sagrado de Gandía (provincia de Valencia) está el único santuario reconocido del Arte Levantino prehistórico: la Cova del Parpalló. En la actualidad, para disfrute del viajero amante del pasado, la cavidad está abierta al público; eso sí, de manera controlada y ofreciendo una visita guiada en la que se reflejan todos los hechos que hacen de esta cueva una de las más importantes del mundo.

El camino que conduce hasta el recinto que alberga la gruta parte de la carretera que desciende hacia la costa. Es apenas una capa de asfalto sobre arena flanqueada por arbustos. Para entrar hay que buscar un árbol frondoso, cerca del que se abre una grieta de forma triangular de unos cinco metros de altura por la que hay que descender sorteando grandes piedras que asemejan escalones ciclópeos.

Sus nueve metros de niveles se inician con una industria gravetiense superior a la que siguen varios niveles solutrenses. El santuario es una especie de catedral natural donde una columna central parece sujetar un techo protector, tanto de las inclemencias de la climatología como contra la agresión de los enemigos o la ira de los terribles dioses antiguos. Inmediatamente llaman la atención los juegos de luces que van iluminando extrañamente sus oquedades. Son los mismos que vieron sus primeros habitantes y para los que seguramente tenían un significado mágico.

Los rayos del sol al atardecer, sobre las paredes, crean multitud de formas sugerentes; cabezas, cráneos, animales, bosques. Todas estas evocaciones debieron tener mucha importancia para quienes dependían exclusivamente de una realidad en la que lo simbolizado constituía el verdadero mundo, tanto visible como invisible.

En una de las fases de excavación aparecieron las puntas de retoque bifacial, con aletas y pedúnculo, así como otros objetos interesantes. Se descubrieron así mismo unas 5.000 losetas de piedra con grabados y pinturas en las que podían contemplarse animales como caballos, ciervos, toros, cabras y algunos perros, además de motivos geométricos de estilo directamente relacionado con el franco-cantábrico. Sin embargo, no contiene ningún ejemplo de figura humana.

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La Cova del Parpalló.

La acústica de la Cova del Parpalló conmueve al visitante y le obliga a hablar bajo, incluso a permanecer callado. Las salas superiores devuelven la propia voz amplificada por los ecos que rebota en las paredes de un modo casi sobrenatural. Un efecto que conocieron y aprovecharon los sacerdotes de este santuario. En algunos lugares, incluso se puede apreciar una vibración de muy baja frecuencia, sorda y opaca.

Es el propio hálito, el canto del espíritu de la Tierra, que se une a los miles de pequeños crujidos, rumores de aguas subterráneas, roces fugaces de aves o insectos, las chicharras y las aves. Sus energías chocan contra esta caja de resonancia de piedra como si fuera el vientre de un violín.

Los primeros estudios en la Cova del Parpalló fueron realizados a partir de 1928 por el catedrático Luis Pericot García. De ellos se deduce que el hombre de Cro-Magnon utilizó este recinto durante todo el Paleolítico. Del periodo Auriñaciense han aparecido restos que definen el carácter eminentemente mobiliario de la cueva, que no tiene pinturas ni petroglifos en sus paredes.

Pertenecen al Solutrense superior los primeros vestigios documentados, como las pruebas de un tratamiento térmico de hojas de laurel y los restos humanos encontrados, algunos fragmentos óseos y un cráneo casi completo de una joven de entre 16 y 18 años con rasgos mediterráneos, que vivió entre los 20490 y 18080 a.C.

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Losetas con grabados de animales hallados en la Cova del Parpalló.

El hallazgo más importante realizado en este santuario son varios miles de tabletas de caliza o arcilla grabadas, confeccionadas con una intención mágico-propicatoria o talismanes, que serían portados por los cazadores para asegurarse el éxito. Estas figuras, que pueden tener una antigüedad de 15.000 a 17.000 años, son una muestra del ‘naturalismo mágico’ del Paleolítico, y constituyen una figuración de gran relevancia.

Las visitas a la cueva se pueden realizar los sábados y domingos de 9.30 a 13.30 horas. Reservas en la web parpalloborrell.gandia.org y en el teléfono 962870000.

Los materiales hallados en la Cova del Parpalló se conservan en el Museo de Historia de la Diputación de Valencia. Una vez en la capital del Turia, el viajero puede ampliar su visita histórica con excursiones a la cercana Lonja de la Seda, que está considerada Patrimonio de la Humanidad, o, justo enfrente, el monumental Mercado Central.

Dónde dormir: Hotel Mengual; Plaza Mediterrània, 4; 46730 Gandía (Valencia); teléfono: 962842102.

Dónde comer: Restaurante La Font; Carrer Major, 1; 46758 Barx (Valencia); teléfono: 962807014.

Javier Ramos Soy periodista y experto universitario en protocolo. He trabajado en diferentes medios de comunicación como 20 minutos, Las Provincias o Diario 16. Ahora ejerzo labores de community manager, colaboro en blogs y publicaciones digitales. Autor del libro 'Eso no estaba en mi libro de Historia de Roma'.

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