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Edificado por Felipe II como perdurable expresión de su persona y de la monarquía divina que creía encarnar, el monasterio de San Lorenzo de El Escorial, emplazado al pie del monte Abantos, en la sierra de Guadarrama, es un complejo multifuncional que es a su vez panteón, basílica, convento, colegio, biblioteca y palacio. Solo tiene paralelos en las ciudades palaciegas de los monarcas del Antiguo Oriente o Egipto.

El monasterio del Escorial y su larga historia

El Escorial, construido entre 1563 y 1586 para conmemorar la victoria de las tropas españolas en la batalla de San Quintín en 1557, es un edificio contradictorio: parece muy racional, pero es una construcción mágica que intenta reproducir el Templo de Salomón en su calidad de condensador de fuerzas divinas en las que creían tanto Felipe II como su arquitecto Juan de Herrera.

Las obras se iniciaron bajo la dirección de Juan Bautista de Toledo. Le sucedió tras su muerte, en 1567, el italiano Giovanni Battista Castello El Bergamasco y, posteriormente, su discípulo Juan de Herrera.

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El edificio surge por la necesidad de crear un monasterio que asegurase el culto en torno a un panteón familiar de nueva creación, para así poder dar cumplimiento al último testamento de Carlos I de 1558.

Un conjunto simbólico

Todo el conjunto escurialense responde a una geometría hermética que pivota sobre las tres figuras básicas: el cuadrado, el círculo y el triángulo equilátero.

Las estatuas de David y Salomón flanquean la entrada a la basílica recordando el paralelismo con el guerrero Carlos I y el prudente Felipe II.

foto del Escorial Madrid
El Escorial desde los jardines./ AldanaN

El edificio en sí es un todo inmenso. De planta rectangular, tiene unas dimensiones de 207 metros de largo por 161 de ancho (33.327 metros cuadrados de superficie).

Así, que en una visita lo mejor es atender a unos cuantos detalles: el patio de los Reyes, la Bóveda Plana (entre el patio y la iglesia), la biblioteca, la iglesia y, sobre todo, el Panteón Real.

La biblioteca de El Escorial

En la biblioteca el visitante debe fijarse en los frescos del techo pintados por Tebaldi y buscar la figura de Euclides, un griego que sostiene una tabla con un extraño dibujo: las tres figuras herméticas superpuestas, es decir, las claves de los constructores de El Escorial.

En el palacio de Felipe II se debe reparar en las austeras estancias, sobre todo el cuarto que comunica con el altar de la basílica para que el rey asistiera a misa desde la cama cuando estaba enfermo de gota.

El panteón de El Escorial

En el Panteón hay que bajar a la cripta, que tiene 26 sepulcros de mármol que contienen los restos de los reyes y reinas de las casas de Austria y Borbón (excepto Felipe V y Fernando VI). Incluye los de Juan III, que nunca llegó a reinar.

Felipe II no quiso una iglesia para los fieles, quería darle a Dios una morada bajo la cual enterrar a su extensa familia.

Estatua Monegro David Salomon
Estatuas de Salomón y David de la fachada./ AnTeMi

En los bajos de El Escorial se exponen planos, maquetas, herramientas, grúas y material empleado en la construcción del monasterio. Como no podía ser menos, el monasterio está declarado Patrimonio de la Humanidad.

Obra ingente, de gran monumentalidad, es también un receptáculo de las demás artes. Sus pinturas, esculturas, cantorales, pergaminos, ornamentos litúrgicos y demás objetos suntuarios, sacros y áulicos hacen que El Escorial sea también un excepcional museo.

La visita al monasterio de San Lorenzo de El Escorial constituye la mejor manera de recorrer la historia de España y muy especialmente el reinado de Felipe II.

Para llegar a El Escorial, el viajero puede embarcarse en un apasionante viaje a otra época en una locomotora del siglo XX de la mano del monarca que lo mandó edificar. El tren de Felipe II parte de la estación Príncipe Pío de Madrid y el trayecto dura poco menos de una hora.

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