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El viajero se sumerge (y nunca mejor dicho) en la máquina del tiempo subacuática para emerger hasta mares gallegos repletos de historia y estampas de postal. Las Islas Cíes (Pontevedra) guardan pequeños pedazos del pasado desde el Paleolítico hasta la actualidad. Visitarlas es, por ello, conocer un poco más de su historia, de los sucesos que allí acontecieron o de los pobladores que las han habitado. Consideradas una maravilla natural, merece mucho la pena ir en barco a las Islas Cíes.

La historia de sus lugareños se remonta a 10.000 años atrás, período del que se han encontrado en las islas útiles atribuibles a esta época, denominada como Mesolítico. Con todo, aunque no se han hallado restos que acrediten la vida humana en el archipiélago durante los períodos del Neolítico y el Calcolítico, sí se sabe que durante la Edad de Bronce se asentaron los primeros habitantes de este territorio, como notifica la existencia del poblado castreño de As Hortas y otras estructuras similares.

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Las impresionantes Islas Cíes./ turismodevigo.com

La Isla de los Dioses

La Isla de los Dioses fue el nombre que los romanos le dieron a este pequeño archipiélago, porque en él se celebraban cultos druídicos. De la presencia de los romanos en las islas se conservan, entre otras cosas, una leyenda que relata la persecución de Julio César a los herminios, los últimos guerreros celtas de Portugal, que tuvieron que navegar hasta las islas refugiándose de las tropas romanas.

Cuenta la leyenda que, pese a todo, los batallones romanos no fueron capaces de doblegar a los resistentes herminios, caracterizados por una gran bravura, por lo que su única solución fue provocar que se rindieran, condenándolos al asedio y, por ende, a la muerte.
Además, de la presencia de los romanos se guardan otros vestigios que hoy nos indican su paso por estas islas. Con todo, en la actualidad, no se sabe si existieron asentamientos de pobladores o si, por el contrario, únicamente hubo puestos de vigilancia que aseguraban la llegada a puerto de las naves mercantes. Hasta el momento, se han encontrado de este período variadas cerámicas y un anillo de oro datado del siglo II.

Blanco de ataques piratas

Durante siglos, las islas acogieron monjes que ejercieron diferentes labores de control y administración del archipiélago. Fundados en el siglo IX durante el reinado de Alfonso III, los dos conventos existentes en las islas pertenecieron primero a la Orden Benedictina y, posteriormente, a la Franciscana.

No obstante, la presencia de monjes en las islas fue relativamente breve debido a los sucesivos ataques piratas que asolaron el territorio. Por este motivo, entre el siglo XVI y el XVII, las congregaciones de monjes fueron abandonando progresivamente la isla frente al peligro y las pérdidas que suponían las incursiones piratas.

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Detrás de la Catedral de Santiago de Compostela, las Cíes son el segundo lugar más visitado de Galicia.

Con posterioridad, las islas fueron ocupadas por diferentes familias, que se dedicaron principalmente a la pesca y la agricultura de autoconsumo y que trabajaron en las fábricas de salazón, mientras estas permanecieron activas.

Sin embargo, la población de las Islas Cíes nunca fue numerosa ni estable y hoy por hoy no cuentan con habitantes permanentes. Por eso se ha convertido en un lugar que rezuma tranquilidad, calma, sosiego… ideal para una escapada de la gran ciudad y desconectar.

Las Islas Cíes en la actualidad

Hoy día, el archipiélago es propiedad del Gobierno gallego, responsable de conceder la autorización para Islas Cíes. Integradas en el Parque Nacional Marítimo-Terrestre de las Illas Atlánticas, las Cíes son el segundo mayor destino turístico de toda Galicia, solo por detrás de la Catedral de Santiago de Compostela. Lugar que conserva el que está considerado como el sepulcro del apóstol Santiago.

Un serio atractivo para el viajero es conocer y disfrutar de la que fue declarada en 2007, por el periódico The Guardian como la playa más bonita del mundo, Rodas. Un litoral, como el resto de las Cíes, salvaje de arena blanca y fina como el azúcar; con bosques en los alrededores, faros altivos el azul turquesa de las aguas.


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