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Menorca: la isla paraíso que no cambia

Menorca: la isla paraíso que no cambia

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Existen lugares que invitan a la ensoñación, a imaginar el paraíso como algo parecido; sitios donde el tiempo se detiene y no importa que transcurra. Una isla es paz y tranquilidad, donde reina la cordialidad. No hay que desplazarse hasta archipiélagos exóticos para conocer la verdadera esencia del Mediterráneo.

Menorca supone la transición entre la mundana Mallorca y los estilos de vida alternativos que mandan en Ibiza. No significa que carezca de personalidad. Todo lo contrario. Apuesta por el relax, con sus espacios naturales e históricos protegidos. Menorca es mediterránea y nórdica al mismo tiempo, mezcla de paisaje bretón y de blancura africana. Un lugar que hay que visitar al menos una vez en la vida.

Menorca es una isla llana, con unas pocas elevaciones de apenas trescientos metros como el monte Toro. El clima es más húmedo, y sobre todo más ventoso, que en el resto de las Baleares. Al norte, colinas verdes donde pacen los rebaños de vacas. En la vertiente meridional, una plataforma calcárea sobre la que se abren los barrancs, verdaderos microcosmos de vegetación y fauna peculiares.

Donde se inventó la mayonesa

Se cuenta que un cocinero de la Armada británica inventó la mayonesa para satisfacer las exigencias de salsa sabrosa que demostraba su almirante. De ahí el topónimo Maó, capital de Menorca, hoy puerto comercial y dueña de dos pintorescos mercados, el del Peix y el del Carme, este último en el convento que le da nombre.

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Mahón es una ciudad con historia./Ana del Castillo / Shutterstock.com

Mahón se encuentra en un acantilado con vistas a un gran puerto y cuenta con mansiones georgianas y una iglesia que data del siglo XIII, junto a otros monumentos que sorprenderán a muchos visitantes que piensan que la isla es solo mar.

Playas extensas de agua turquesa

Menorca es una bellísima, humilde y menos conocida que sus otras islas hermanas, pero si el viajero la visita sin duda se sentirá atraído para volver. Sin embargo, Menorca es famosa por sus playas extensas, que tienen dunas arenosas de varios kilómetros de longitud y calas rocosas con aguas de color turquesa. Con una costa que está cubierta de pinares.

Hay mucho que hacer en la isla de Menorca, un lugar donde no existe la palabra aburrimiento: Visitar sus monumentos, disfrutar de su gastronomía, y de forma más relajada e informal recorrer sus mercadillos artesanos que en verano proliferan en muchos rincones. No hay que olvidar su agenda cultural, con diferentes citas para todo tipo de público. Los menorquines, que parecen haber heredado la flema de los británicos, son cultos y amantes de sus tradiciones.

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Menorca invita al viajero a conocer todos sus espectaculares rincones.

Varias islas en una

Los amantes del mar y las aguas están de enhorabuena. Entre las playas y paisajes de Menorca el viajero puede encontrar calas y playas vírgenes de primera calidad. La isla encandila a quien la visita, sin lugar a la duda, porque existen varias islas concentradas en una: una isla hippie, otra hipster, otra aventurera, otra marinera, otra pacífica y tranquila…

La historia de Menorca también hay que tenerla en cuenta cuando se visita. Sus monumentos prehistóricos son únicos en todo el Mediterráneo, y el hecho de haber estado bajo dominio británico durante casi todo el siglo XVIII ha influido en las costumbres y el carácter de su gente.

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Javier Ramos Soy periodista y experto universitario en protocolo. He trabajado en diferentes medios de comunicación como 20 minutos, Las Provincias o Diario 16. Ahora ejerzo labores de community manager, colaboro en blogs y publicaciones digitales. Autor del libro 'Eso no estaba en mi libro de Historia de Roma'.

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