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La riqueza y el número de las colecciones que el Museo del Louvre expone tan solo pueden provocar el asombro del viajero. Sin duda, se trata de uno de los reclamos turísticos de envergadura que ver en París.

La galería francesa es una admirable máquina para remontar el tiempo, ya que, de un salto, de una sala a otra, podemos atravesar siglos y civilizaciones enteras. Pero, ¿cómo elegir entre todos sus tesoros?

La riqueza patrimonial del Museo del Louvre se conserva hoy en un impresionante conjunto de edificios, que ha valido al museo el renombre de ser “el más grande del mundo”.

Pero, además de museo, el Louvre es una obra arquitectónica excepcional, un monumento que ha ido tomando forma a lo largo de ocho siglos de una turbulenta historia, a veces trágica, que coincide con la de Francia y sus soberanos.

Sus extensas colecciones son el resultado del coleccionismo desarrollado por la monarquía francesa a lo largo de varios siglos, al que se sumó el esfuerzo de varias personalidades de la Ilustración, la labor desamortizadora de la Revolución Francesa, las victorias militares durante las guerras napoleónicas, y las campañas arqueológicas y compras impulsadas durante el siglo XIX.

Historia del museo del Louvre de París

Comienza cuando, a finales del siglo XII, el rey Felipe Augusto decide marcharse en plan turista y se apunta a una cruzada. Pero como antes había que proteger la margen derecha del río de las invasiones normandas por el Sena, que se venían produciendo desde hace siglos, levanta una torre defensiva y unas murallas.

Los restos están totalmente integrados en la Cour Carrée. Recuperados, pueden verse en la cita antes de pasar al museo.

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La pirámide de cristal es uno de los elementos más característicos del Louvre.

El rey San Luis completó la construcción de la fortaleza añadiendo una capilla, ala oeste, y una cámara donde impartía justicia y celebraba sus fiestas.

Sin embargo, su utilización como palacio real no comenzaría hasta el reinado de Carlos V (siglo XIV). Cuando, al levantarse las nuevas murallas, el Louvre quedaba dentro, por así decirlo, de la ciudad y no se corría tanto peligro de que fuera asaltado.

Durante su reinado, el palacio vivió una de sus primeras épocas de esplendor. Persona culta el monarca, creó una biblioteca con cerca de mil manuscritos y lo embelleció considerablemente.

Los orígenes del museo del Louvre

Habría que esperar a un gran constructor como Francisco I (siglos XV-XVI) para que la antigua fortaleza se convirtiera en un palacio digno de la capital del reino.

Aunque demasiado corto, el reinado de Enrique IV (1589-1610) sería decisivo en la historia del palacio, ya que gracias a este monarca se debe el deseo de enlazar el Louvre con las Tullerías.

El Louvre durante la Revolución Francesa y el Primer Imperio de Napoleón

Las décadas de inestabilidad política posteriores no fueron propicias para obras arquitectónicas de envergadura. La Revolución significó la obtención de obras de arte para el estado por diversos caminos.

A pesar del deseo manifiesto de Napoleón I por reanudarlas, los arquitectos Percier y Fontaine solo pudieron erigir el arco del triunfo del Carrusel, a la entrada del patio de las Tullerías.

Las guerras napoleónicas significaron un notable incremento de las colecciones del Louvre, pues los ejércitos requisaron obras en los distintos países invadidos.

El museo abrió oficialmente sus puertas en medio del tumulto de la Revolución Francesa, el 10 de agosto de 1793.

El Louvre durante los siglos XIX y XX

Fue Napoleón III (1808-1873), que residía en las Tullerías desde su proclamación, el que reemprendió las reformas que dieron al Louvre los volúmenes imponentes de hoy.

Precisamente, el palacio de las Tullerías fue destruido en los hechos de la Comuna de París tras la guerra franco-prusiana. Sus tesoros artísticos se perdieron en el incendio del palacio, cuyas ruinas fueron demolidas; desde entonces, el Louvre domina el gran parque abierto en dicho solar.

El emperador inauguró el Nuevo Louvre de París el 14 de agosto de 1857.

El Louvre durante la actualidad

Debido a las sucesivas ampliaciones, los edificios fueron objeto paralelamente de importantes remodelaciones interiores.

Su apoteosis tuvo lugar en el siglo XX con el proyecto de ‘Gran Louvre’, lanzado en 1981 por el presidente François Miterrand y cuya manifestación más espectacular la constituye la pirámide de cristal situada en el patio Napoleón.

En la actualidad, con un total de ocho colecciones, el Louvre permite presentar al público unas treinta mil obras, a las que cabe añadir las conservadas en el departamento de Artes Gráficas, que se muestran por turno en las exposiciones temporales.

El Louvre es el museo de arte más visitado del mundo, famoso por sus obras maestras, especialmente la pintura renacentista conocida como La Gioconda de Leonardo da Vinci. Otras piezas destacadas del museo son obras como el Código de Hammurabi, El escriba sentado, La Venus de Milo, La victoria de Samotracia o La libertad guiando al pueblo.

Historia de la pirámide del Louvre de París

Concebida por el arquitecto Ieoh Ming Pei, esta imresionante construcciuón se alza como la coronación de una operación de gran envergadura que consistió en ampliar el museo añadiendo la parte que ocupaban las administraciones y en renovar las galerías subterráneas para albergar los locales técnicos y mejorar el acceso de los visitantes.

Los cristales fueron fabricados ex profeso para la pirámide. Son completamente incoloros y no reflejan la luz, lo que permite contemplar, desde abajo, en todo su esplendor el palacio.


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