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Veinte años de férrea resistencia obligaron a la todopoderosa Roma a reunir al mayor ejército de su historia en lo que a campamentos de asedio se refiere. Las ruinas de la ciudad celtíbero-romana de Numancia, que protagonizó una de las mayores resistencias militares que la historia recuerda allá por el año 133 antes de Cristo, permanecen hoy sublimes para el deleite de cualquier viajero que se acerque para admirarlas.

La población, cuyos orígenes se deben situar entre los siglos III y II antes de Cristo, habría de convertirse en una de las principales ciudades de la tribu de los arévacos y en el principal foco de resistencia indígena en el transcurso de las guerras celtíberas (154-133 a.C.).

Por las excavaciones sabemos que la primitiva ciudad de Numancia, integrada por casas de piedra y adobe, ocupaba una pequeña parte de la colina donde se sitúa, aunque fue creciendo a partir de 153 a.C., cuando pudo llegar a concentrar entre sus muros, de unos 3.100 metros de perímetro, a cerca de 20.000 personas, probablemente más del doble de su población habitual.

El asedio de Numancia

El origen de la guerra parece encontrarse en la intención de Segeda, población de la tribu de los belos, de ampliar las murallas que protegían la ciudad. Roma, basándose en los tratados de Tiberio Graco, firmados en 179 a.C., prohibió la continuación de las obras. Ante la falta de acuerdo con los segedenses, el Senado decidió enviar un ejército de 30.000 hombres al mando del cónsul Q. Fulvio Nobilior (153 a.C.)

Fue Publio Cornelio Escipion El Africano Menor, en 134 a.C, el encargado, al mando de 60.000 hombres, de someter a apenas 4.000 numantinos tras años de continuas humillaciones.

Bajo el afán de lograr el dominio de toda Hispania en su progresivo avance por la península, el general romano sitió la ciudad durante once meses hasta su completa rendición.

Numancia: el asedio que impresionó a Roma 1
Ruinas romanas de Numancia./César Atanes

Resistencia numantina

Para ello, el también destructor de Cartago se vio obligado a levantar un cerco de casi diez kilómetros de longitud fortificado con torres, fosos y empalizadas confeccionadas con 36.000 estacas. La falta de provisiones y las epidemias diezmaron la población de Numancia, cuyos habitantes decidieron finalmente rendirse en el verano de 133 a.C. 

Aunque la gran mayoría de los heroicos numantinos decidieron suicidarse con el fin de que prevaleciera su condición de libertad frente a la esclavitud de Roma. La actitud numantina ha sido ensalzada hasta convertirse en mito.

Al norte de Soria

En este histórico enclave emplazado sobre el Cerro de la Muela, en Garray, a apenas siete kilómetros al norte de Soria, en Castilla León, permanecen vivos los restos arqueológicos de dos ciudades superpuestas, una celtibérica y otra romana. El yacimiento está declarado Bien de Interés Cultural.

De la primera se conservan algunas ruinas de construcciones autóctonas. Del castro celta que fue reconstruido por los romanos siguen en pie una casa de planta rectangular, madera y paja de centeno y los restos de una muralla compuesta de dos lienzos de piedra rellenas de escombro.

A la casa romana reconstruida en Numancia se accede por un patio abierto con aljibe y horno de pan; la puerta, de madera (incluida la cerradura) da acceso a un pequeño vestíbulo (con los molinos de mano y el telar) que facilita la entrada a la cocina (con la boca del horno, el hogar, la mesa con el banco corrido y el utillaje) y a las habitaciones (con la cama y el arcón).

Mientras, de la urbe romana cabe destacar la permanencia de resquicios de aljibes, calles empedradas, casas porticadas, termas y una reconstrucción de una casa romana levantada sobre la planta de una antigua edificación arévaca. En la actualidad algunos proyectos urbanísticos podrían amenazar el entorno de Numancia.

Uno de los restos más destacados para ver in situ aquí es el monumento inacabado a los héroes de Numancia, de 1842, que fue realizado sobre los restos de un caldarium doble (sala de baños caliente) de unas pequeñas termas de la ciudad de época romana.

Para concluir la visita (o bien para iniciarla, según se disponga), el viajero puede acercarse hasta el centro de interpretación o Casa de Recepción, donde se reconstruye la historia de la ciudad de Numancia a través de un video y paneles explicativos. Una maravilla de nuestro pasado.

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