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El Panteón: la gran obra de la antigüedad

El Panteón: la gran obra de la antigüedad

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Nos encontramos ante la obra maestra más compleja y mejor conservada de la antigüedad romana que ha llegado hasta nosotros. Mejor conservada, pues en el año 609 fue convertida en iglesia, dedicada a la Virgen; compleja, porque mezcla formas geométricas diferentes (cuadrado, esfera, cilindro) y porque funde dos estructuras arquitectónicas: la típica de los templos y la redonda, propia de las termas.

El Panteón de Roma, localizado en la plaza de la Rotonda, en pleno centro de la capital italiana, fue erigido pocos años antes de Cristo por Marco Agripa en honor de Octavio Augusto, pero fue totalmente reconstruido adquiriendo el aspecto que aún hoy conserva en tiempos del emperador Adriano (en torno al año 120 de nuestra era)

El lugar elegido fue aquel en el que confluían dos riachuelos de escaso caudal, el Acqua Sallustiana y el Amnis Petronia. En esta zona pantanosa, denominada Palus Caprae, era desde donde, según la tradición, Rómulo, el mítico fundador de la ciudad, había sido transportado al cielo por el dios Marte y es probable que, en memoria de tal prodigio, se levantase, en su día, un túmulo honorífico en dicho terreno, considerado ciertamente sagrado.

Al viajero que arribe a la capital italiana si, por ejemplo, lo hace en la populosa estación Termini, y quiere desplazarse hasta una de las joyas romanas por excelencia, se le recomienda el alquiler de un auto en Roma. Es la mejor manera de moverse por las calles de la Ciudad Eterna. Sin prisa, pero sin pausa, que hay muchas cosas interesantes por ver y el tiempo apremia.

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El Panteón de Roma fue levantado por Agripa en honor a Augusto.

Gran pórtico columnado

Se trata de un edificio del siglo II de nuestra era encajado en el corazón de la capital, rodeado por el ajetreo comercial y los cafés de la plaza que lo alberga. Lo que primero llama la atención del viajero es el pórtico de columnas de la entrada que precede a la estructura circular. Es un gran pórtico columnado de 33,10 metros de ancho por 15,50 de profundidad.

En primera fila se encuentran ocho columnas de granito gris, con capiteles corintios que sustentan el frontispicio donde se aprecia la inscripción dedicada a Agripa y basas de mármol blanco. De estas columnas, dos de las del lado izquierdo, fueron sustituidas en el siglo XVII, por otras procedentes de monumentos ya arruinados.

Una cúpula de admirar

La cúpula de proporciones espléndidas (43,30 metros tanto de altura como de anchura) es regida por una rotonda con un enorme espesor cilíndrico de seis metros. Se trata de la bóveda más grande realizada en mampostería, superior incluso a la de san Pedro. Sin duda, es una prueba de la sorprendente evolución que llegó a alcanzar la ingeniería romana.

En la cumbre de la cúpula existe una apertura de 9 metros de diámetro. Es la única fuente de luz que penetra en el templo. El peso de la cúpula se reduce gracias a los arcos de la pared y el artesonado, sin necesidad de ningún elemento de sujeción. Supone un auténtico logro arquitectónico que de manera visual parece indicar el camino hacia el cielo.

El secreto de la técnica reside en los cinco círculos concéntricos de casetones que descargan el peso de la cúpula, que es más ligero de lo que parece debido a los materiales usados: mampostería de piedra volcánica, caracterizada por su porosidad y ligereza.

Lo más interesante desde el punto de vista arquitectónico es el festoneado de arcos y arquillos de descarga que, superpuestos unos a otros, van distribuyendo las cargas de la cúpula hacia ocho machones, previstos para recibir todo el peso de la misma.

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A través de este óculo de la cúpula penetra la luz en el interior del Panteón.

También es mausoleo

Muchos artistas de postín se encuentran sepultados aquí: Perin del Vaga, Annibale Carracci, Taddeo Zuccari y Rafael Sanzio. El Panteón de Roma custodia también algunas tumbas de los Savoyas: la del rey Víctor Manuel II y la del rey Humberto I.

El Panteón es una visita ineludible que el viajero debe hacer si pernocta en Roma. La huella constructiva de este edificio se puede apreciar en la obra de grandes figuras de la historia de la arquitectura como Brunelleschi, Miguel Ángel, Bramante o Canova.

Su excelente estado de conservación, ya que fue consagrado como iglesia de Sancta Maria ad Martyres, en el año 609, y la pericia técnica de su construcción han hecho que sea considerado un monumento paradigmático, con más de 2.000 años de existencia y el más grande de todos los llegados hasta nuestros días.

Sin duda, ha merecido la pena llegar hasta aquí. Como imagino que no será la última visita del viajero a Roma, para la próxima ocasión ya sabe que debe reservar un coche en Roma y moverse con soltura por el centro de la capital italiana. Una de las citas ineludibles será el Panteón, que seguirá dominando con su estampa otros dos mil años más de historia.

Javier Ramos Soy periodista y experto universitario en protocolo. He trabajado en diferentes medios de comunicación como 20 minutos, Las Provincias o Diario 16. Ahora ejerzo labores de community manager, colaboro en blogs y publicaciones digitales. Autor del libro 'Eso no estaba en mi libro de Historia de Roma'.

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