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Madrid es un cofre lleno de sorpresas. El Real Monasterio de la Encarnación de esta localidad (barrio de Palacio) guarda una de las colecciones de reliquias más grandes del mundo. Son más de mil los restos que custodia de santos, mártires y vírgenes, desde los primeros tiempos de la Iglesia (como es el caso de santa Inés) hasta santos más recientes y contemporáneos. Conozcamos las reliquias del Monasterio de la Encarnación.

Reliquias de santos

Trece religiosas agustinas recoletas custodian allí (y son herederas) además un curioso legado artístico. El conjunto conventual, joya del barroco, fue obra del arquitecto Juan Gómez de Mora en 1611; quien recibió el encargo de edificarlo de Felipe III y de su esposa, Margarita de Austria-Estiria. Desde entonces, el monasterio, que posee 7.140 obras de arte, exhibe lienzos surgidos de los pinceles de Vicente Carducho, José de Ribera, Carreño de Miranda o Bernardino Luini.

Pero lo que nos atrae más la atención y es objeto de este libro, es que el retablo del altar, en su parte trasera, atesora una de las mejores colecciones de reliquias de santos de Europa. Los casi mil restos óseos u otros vestigios de santos y santas desde el siglo XVI al XIX ocupan la lipsanoteca o relicario, en sus correspondientes estuches. Estos fueron labrados en maderas nobles, metales preciosos, marfiles, cristales, nácares o corales. Alrededor de 740 relicarios son un legado de la reina Margarita de Austria.

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Relicario del monasterio./ religionenlibertad.com

La sangre de San Pantaleón

Hay otras reliquias enviadas por Magdalena de Austria, duquesa de Toscana y hermana de Margarita; en concreto unos pequeños retablos enmarcados con piedras duras procedentes de los talleres florentinos. También acoge un interesantísimo conjunto de más de cuarenta pinturas devocionales de carácter miniaturesco, que se integran a la perfección con el resto de los relicarios.

Así, junto a la ampolla que contiene la sangre del nicomedio San Pantaleón, que se muestra allí licuada una vez al año (y que se menciona más en detalle en otro capítulo de este libro), se puede contemplar en el monasterio de la Encarnación un recipiente plateado en forma de corazón que contiene un omoplato y un paño de santo Tomás de Villanueva. No lejos de un arcón donde se halló un texto manuscrito inédito de Teresa de Jesús, cinco siglos después de su nacimiento en Ávila.

Ante la mirada del viajero que visita este templo, y cerca de excelsas tallas de imagineros como Gregorio Fernández o Pedro de Mena, otras vitrinas muestran todo tipo de formatos ornamentados, en ocasiones de pedrería, para albergar desde brazos semi-huecos, que contienen cúbitos o radios, hasta cascos bruñidos diseñados para alojar cráneos o urnas y amplias arquetas capaces de recibir osamentas completas.

El mejor relicario del mundo

El relicario de la Encarnación es un magnífico y completo ejemplo de coleccionismo religioso contrarreformista. Y es una de las primeras manifestaciones museísticas españolas en cuanto a exposición sistemática y estructurada de las piezas en un armario-vitrina.

Joaquín Abad, capellán mayor del monasterio, explica que este lugar en España “es el mejor relicario del mundo, después del que tiene el Santo Padre en Roma, pero este no es visitable, y el de la Encarnación sí”.

Una excelente colección de reliquias y otras obras artísticas que ha sobrevivido a la Guerra de la Independencia, la Desamortización de Mendizábal y la Guerra Civil española, periodos de nuestra historia en las que algunas de las reliquias se perdieron.

fachada encarnacion
Fachada del monasterio de la Encarnación.

La fundación de la iglesia y el monasterio de la Encarnación se debe a Margarita de Austria Estiria, quien quiso tener un monasterio cerca del Alcázar. La reina insistió a su esposo para comprar los terrenos y costear la construcción de su propio peculio y no cargándolo en impuestos.

La primera piedra se colocó el 10 de junio de 1611 y estuvo bendecida por el cardenal arzobispo de Toledo, con la presencia de los mismos monarcas. La propia fundadora de la orden, Mariana de San José, se convirtió en la primera priora del monasterio, una de las grandes místicas del Siglo de Oro.

Fue, pues, una fundación real, puesta al servicio y bajo la autoridad de la Iglesia católica, y continúa siendo administrada por un Patronato Real encomendado al Patrimonio Nacional. Desde 1931 está bajo la jurisdicción del obispo diocesano de Madrid, pues con anterioridad había estado bajo la jurisdicción del arzobispo de Santiago y del obispo patriarca de la Corte.

El relicario de la Encarnación puede visitarse durante todo el año (excepto los lunes), durante la visita al monasterio y en las horas señaladas por Patrimonio Nacional.

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https://youtu.be/4BzWqWBJIEM


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