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Un recorrido por las históricas ciudades del AVE Madrid-Barcelona

Un recorrido por las históricas ciudades del AVE Madrid-Barcelona

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Desde 2008 se puede llegar de Madrid a Barcelona en poco más de dos horas. ¿El motivo? La existencia del Tren de Alta Velocidad (AVE) que une ambas capitales a velocidades que superan los 300 kilómetros por hora. O lo que es lo mismo: el AVE Madrid-Barcelona.

El AVE le ha ganado claramente la partida al puente aéreo. En tan solo una década de vida, 31 millones de usuarios han viajado con este veloz tren entre ambas ciudades. Que se dice pronto. Es el medio de transporte preferido para muchos viajeros.

El trayecto entre Barcelona y Madrid conecta las dos estaciones más populares de ambas ciudades: Sants y Atocha. Y el precio medio del billete del AVE Madrid-Barcelona sale por unos 80 euros. No hay problemas de horarios. Existe una amplia variedad de frecuencias a lo largo del día con una media de un tren cada hora desde las 6.05 hasta las 21.25 horas. En su recorrido entre las dos capitales más pobladas del país, el AVE Barcelona-Madrid tiene paradas en diferentes ciudades.

Paradas del AVE Madrid-Barcelona: dónde hacer un descanso y una visita

En su recorrido, el AVE Barcelona-Madrid tiene paradas en diferentes ciudades que merecen la atención del viajero. Urbes repletas de historia y encantos en las que conviene poner la atención para conocer su pasado.

La línea de alta velocidad entre Madrid y Barcelona tiene una longitud total de 804 kilómetros. En realidad el recorrido del tren finaliza tras la estación de Figueres-Vilafant, donde tiene continuidad con una sección internacional hasta Perpiñán que conecta las redes ferroviarias de España y Francia.

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Estación de Atocha en Madrid.

Viajar en tren es la mejor opción para disfrutar del propio desplazamiento en sí. No tiene la velocidad del avión ni la flexibilidad que ofrece un automóvil. A cambio ofrece al viajero una mayor comodidad, y la posibilidad de recorrer y conocer distintos lugares a un precio bastante muy interesante.

Viajar en trenes permite disfrutar de una experiencia muy enriquecedora. Al mismo tiempo que el viajero se desplaza en este medio de locomoción puede permitirse otear el paisaje desde la ventana, disfrutar de un pequeño tentempié en la cafetería o de la lectura de un buen libro.

La Tarraco romana

En la comunidad autónoma de Cataluña, el AVE que parte de la estación barcelonesa de Sants hace su primera parada en Tarragona. ¿Qué podemos decir de la antigua Tarraco? Pues que se trata de uno de los núcleos más veteranos de población de la Península Ibérica. No en vano es el más antiguo asentamiento romano de Hispania. Su origen data de 217 antes de Cristo.

Y es que durante el periodo de romanización de la Península fue capital de la provincia romana Hispania Citerior o Hispania Tarraconensis. Su legado romano, en forma de un excelente conjunto de restos visitables como el anfiteatro, circo o murallas, está considerado Patrimonio de la Humanidad.

Pero Tarragona es mucho más que vestigios de la antigua Roma. Merece la pena que el viajero también se deje caer por la catedral gótica de la ciudad, el majestuoso paseo que supone la Rambla Nova, el Balcón Mediterráneo o el Mercado Central que muestra un estilo modernista.

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La antigua ciudad romana de Tarraco, con su anfiteatro.

De vuelta al AVE, el viajero ávido de curiosidad disfruta del recorrido que le proporciona este medio de transporte con excelentes paisajes que divisa desde su ventana hasta que arriba, sin salir todavía de Cataluña, a otra capital de provincia: Lleida.

La íbera Lleida

Lleida es ciudad de añejo origen, por la que pasaron y en la que se establecieron distintos pueblos de la antigüedad. A medio camino entre el mar y la montaña, se trata de un importante centro comercial y de comunicaciones donde hay mucho que ver, por fortuna. Habitada por las tribu ibera de los ilergetes en la antigüedad, con posterioridad pasó a ser la Ilerda romana.

Lo indispensable que tiene el viajero para contemplar de cerca son unas cuantas cosas. Como la Seu vella, su espléndida catedral gótica, que cuenta con uno de los claustros más monumentales de España. O eso dicen. La nova (nueva) catedral, fue construida en la segunda mitad del siglo XVIII.

Frente a la Seu nova llama la atención el Hospital de Santa María (siglo XV).También destacan otras joyas patrimoniales, como el castillo de Gardeny, de origen templario. Para acabar la ruta por Lleida, se recomienda la Casa Magí Llorens, o el Museo de Arte Jaume Morera.

El AVE desde Zaragoza y el Pilar

De regreso al tren, el viajero prosigue su viaje rumbo a la capital de España no sin antes atravesar la comunidad aragonesa. Ya en estas tierras, el AVE se detiene en la capital zaragozana. La antigua Caesaraugusta romana está surcada por el río Ebro con la Basílica del Pilar como telón de fondo.

En Zaragoza el viajero tiene la oportunidad de disfrutar de un paseo histórico y monumental a través de su excelso patrimonio. Sobresale el Palacio de la Aljafería, una de las principales muestras del arte civil hispanomusulmán de la Península Ibérica.

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Palacio de la Aljafería de Zaragoza.

También indispensable resulta la visita a la Seo. Un bello templo que aúna casi todos los estilos artísticos: románico, gótico, mudéjar, renacimiento, barroco y neoclásico. El Museo Pablo Gargallo o el Torreón de la Zuda son otros dos reclamos de interés cuya pista no hay que perder.

Calatayud, con Marcial

Otra ciudad de indudable poso romano es Calatayud, el siguiente apeadero de la ruta del AVE a Madrid. La localidad aragonesa divide su corazón entre el glorioso recuerdo como la Bilbilis Augusta, patria del gran poeta Marcial, y la potente tradición mudéjar que se puede ver en algunas de sus construcciones.

Su soberbia colegiata de Santa María (siglos XIV-XVI) abruma al viajero. No podía ser menos. Llama poderosamente la atención su torre octogonal embellecida con motivos geométricos de ladrillo. Otra hermosa torre mudéjar y octogonal es la de San Andrés (siglos XV-XVI), encaje de vanos apuntados, celosías, rombos, cruces y esquinillas, que preside el perfil de la ciudad.

Ya queda menos para llegar a la estación de Atocha. El Tren de Alta Velocidad reanuda su trayecto y se adentra en Castilla-La Mancha. La penúltima parada la realiza en Guadalajara. Merece la pena hacer un alto y visitar la capital de la comarca de la Alcarria.

Ciudad de palacios

La que fue Arriaca romana y Wad-al-Hayara musulmana conserva un notable casco histórico para perderse por sus calles, en el que destaca su hermoso Palacio del Infantado (siglo XV) Es el monumento más importante de la ciudad y mezcla los estilos gótico y renacentista.

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El Palacio del Infantado en Guadalajara./ Imagen cedida por Shutterstock

Guadalajara es una población de palacios. Entre ellos, cogen fuerza varios: el palacio de don Antonio de Mendoza (siglo XVI); el de los Dávalos, renacentista; el de la Diputación (siglo XIX); el de los Guzmán (siglo XVII); o el de los marqueses de Villamejor, con portada barroca.

Guadalajara también se puede conocer con otros ojos. Por ejemplo, con los de un literato Premio Nobel. Gracias a Camilo José Cela el viajero retorna a la Alcarria, “un hermoso país al que la gente no le da la gana de ir”, pero que quedó reflejado de una manera magistral en la obra del Premio Nobel, cuyo recorrido abarca los casi 300 kilómetros entre la capital de España y la localidad de Zorita de los Canes.

De vuelta al vagón, el viajero toma asiento de nuevo. Ya solo queda la llegada a Madrid, donde habrá completado una ruta histórica y turística por las ciudades que cubren el trayecto del AVE entre Barcelona y la capital de España. Nunca ambas urbes estuvieron más cerca.

Se llega a la estación madrileña de Atocha, la que cuenta con más tráfico de pasajeros del país. Se trata de un complejo ferroviario situado en las cercanías de la plaza del Emperador Carlos V, un antiguo embarcadero levantado en el siglo XIX que se convirtió en el paso del tiempo en el actual nudo de comunicaciones ferroviarias más importante de España.

Javier Ramos Soy periodista y experto universitario en protocolo. He trabajado en diferentes medios de comunicación como 20 minutos, Las Provincias o Diario 16. Ahora ejerzo labores de community manager, colaboro en blogs y publicaciones digitales. Autor del libro 'Eso no estaba en mi libro de Historia de Roma'.

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