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Fue la principal de las calzadas romanas en la península ibérica: la que la unía a Roma. La Vía Augusta rinde homenaje a su impulsor, el primer emperador, Octavio Augusto, plenamente consciente de la importancia de esta red viaria que se extendía de Cádiz a los Pirineos para la consolidación del Imperio.

Más de 1.300 kilómetros

Construida en el siglo I de nuestra era, el legado de sus más de 1.300 kilómetros constituye en la actualidad el principal eje de comunicación de España con el resto de Europa.

La Vía Augusta no fue terminada hasta la completa pacificación de la península ibérica. La romanización del territorio fue un proceso lento e irregular que se inició en el siglo II antes de Cristo, cuando Roma fue abriéndose paso aquí desde el norte.

Habría que esperar casi dos siglos, hasta el año 19 a.C. para que la conquista peninsular de Iberia se transformara en Hispania. Solo entonces se planteó la construcción de una carretera que, a imitación de la Vía Apia, permitiera conectar con Roma el valle del Guadalquivir y el Levante español.

Se trataría de una prolongación hacia el sur de la mítica Vía Domitia (que conectaba la mparte mediterránea de la Galia con Roma)

Recorre varias comunidades

Tras arrancar en los Pirineos orientales por el Coll de Panissars, la Vía Augusta discurría por, a lo largo de tierras catalanas, Ampurias, Gerona, Mataró, Badalona, Barcelona, Tarraco y Tortosa. Casi 700 km de recorrido (470 millas romanas)

Al llegar a territorio valenciano, a lo largo de 425 km la calzada arribaba a Sagunto desde Peñíscola y seguía por Valencia hacia el oeste en dirección a Cástulo (cerca de Linares), primera ciudad andaluza.

Antes, en Xàtiva, la vía se desdoblaba en dos ramales: uno hacia Andalucía y otro hacia Cartagena. Ya en la Bética, seguía el curso del Guadalquivir hasta Montoro, Córdoba, Écija, Carmona, Sevilla, Osuna y Hasta Regia, hasta Cádiz.

Una calzada de gran importancia

La existencia de la Vía Augusta permitió al Imperio allanar el camino a sus legiones, ayudar al desarrollo de las colonias y acelerar el comercio y la economía de mercado. Gracias a ella, Roma pudo suministrarse de Hispanía trigo, aceite, vino, conservas, cerámica o lana.

También de metales que eran escasos en Italia, como oro, plata, cobre o hierro. Ir desde Cádiz a los Pirineos suponía mes y medio de viaje, y de Cádiz a Roma podía tardarse, a la media habitual de 26 kilómetros diarios, un promedio de tres meses y medio. Casi nada.

Arcos triunfales (como los de Barà o Cabanes), puentes (Córdoba, Cástulo, del Diablo en Martorell) y monumentos funerarios (necrópolis de Carmona, Torre de los Escipiones en Tarragona, altar de César en Gerona) jalonan el recorrido de la Vía Augusta. Algunos restos han llegado hasta nuestros días.

Sirvió de propaganda

La Vía Augusta sirvió, asimismo, de función publicitaria para los gobernantes y el Estado de Roma. En determinados tramos se han encontrado pruebas del mecenazgo de algunos emperadores y de otros personajes acaudalados, que sufragaban las obras con vistas a acelerar su carrera política. Solo en ella se han hallado cerca de 100 miliarios de diversas épocas que hacían alusión a emperadores diferentes.

La primera referencia escrita a la Vía Augusta aparece en la Geografía de Estrabón, escrita en el siglo I a.C. En ella, el geógrafo griego hace mención a un itinerario del Levante mediterráneo que conectaba las provincias de Hispania: la Ulterior (al sur del Ebro y que en el 19 a.C. se dividió en la Bética y la Lusitania) y la Citerior (provincia del norte que pasó a denominarse Tarraconense)

A lo largo de las épocas ha ido recibiendo diferentes nombres como Vía Hercúlea o Vía Heráclea, Camino de Aníbal, Vía Exterior, Camino de San Vicente Mártir y Ruta del Esparto.

Los ingenieros romanos marcaban siempre un trazado lo más recto posible, con el propósito de que la vía pudiera soportar sin ningún tipo de limitación transportes excepcionales que eran de valor estratégico para el Imperio. En este sentido, la Vía Augusta es un buen ejemplo de las extraordinarias capacidades de sus carreteras.

Un tramo de la Vía Augusta a su paso por Sagunto./Enrique Íñiguez Rodríguez
Un tramo de la Vía Augusta a su paso por Sagunto./Enrique Íñiguez Rodríguez

En 2002, en el marco de un programa de la Unión Europea, se aprobó la iniciativa Vías romanas en el Mediterráneo para recuperar como senderos los trazados de antigua calzadas. En el caso de la Vía Augusta, se trabaja para restablecer una ruta de Cádiz a los Pirineos. Dada la superposición de vías modernas en parte de la romana, se siguen buscando alternativas a algunos de los tramos.

Recorrer la Hispania romana es ahora posible gracias a mi nuevo libro, La historia de Hispania en 50 lugares, que ha editado Cydonia. Precisamente, la Vía Augusta encabeza los capítulos en los que se divide la obra. Una guía de viajes para disfrutar de los vestigios romanos que aún permanecen en nuestro país.

Con un trasfondo épico y de aventura, la voz en off que aparece en este vídeo teletransporta al viajero a la época romana, cuyo asfalto empedrado le hace situarse en plena Vía Augusta, la vital arteria romana en Hispania y que, con el transcurso de los siglos, permanece perenne en la historia de nuestro país:

YouTube video

Dónde dormir: Hotel Vernisa; C/ Academico Maravall, 1; Xàtiva (Valencia); teléfono: 962271011.

Dónde comer: Restaurante Casa Tere; Carretera N-340, km. 340; Cabanes (Castellón); teléfono: 964319618.


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1 COMENTARIO

  1. […] el mandato de César Augusto pocos años antes del inicio de nuestra era: hablamos, claro, de la Vía Augusta, el camino que llevaba de Gades (la actual Cádiz, entonces una isla) a Roma, pasando por el arco […].

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